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Luis Miura

A mí no me visitan, pero leo y opino…

A mí no me visitan, pero leo y opino…

Veo que el gobierno sigue reuniéndose con todos los sectores para hablar del manejo de la crisis. Esta vez incluso con la Conferencia del Episcopado Dominicano, que ha planteado algo tan básico como necesario: proteger a los más vulnerables y presentar un plan claro que genere tranquilidad.

Y tienen razón.

Porque lo que se ha comunicado hasta ahora, incluyendo lo expresado por Eduardo Sanz Lovatón, gira alrededor de tres ejes correctos: proteger el bolsillo de la gente, cuidar la producción y el empleo, y que el Estado absorba el mayor costo posible.

El problema no son los ejes.
El problema es que los ejes no son un plan.

Mantener subsidios, monitorear precios, reasignar partidas y dar seguimiento al dólar son medidas necesarias en medio de la tormenta. Pero administrar la coyuntura no sustituye definir el rumbo.

Un plan implica metas, plazos, prioridades y decisiones difíciles.
Implica decir qué se va a hacer, cómo se va a pagar y hasta cuándo se puede sostener.

Y también implica algo más: diferenciar.

No todos los sectores enfrentan la crisis de la misma manera. No es lo mismo hablar de protección social que de sostenibilidad productiva. No es lo mismo un hogar vulnerable que una MIPYME que genera empleo, pero que hoy está absorbiendo costos que no puede seguir cargando indefinidamente.

Si el objetivo es realmente cuidar la producción y el empleo, entonces hay que pasar del discurso a medidas concretas, como por ejemplo:

1. Acceso inmediato a financiamiento blando para MIPYMES, con tasas preferenciales y períodos de gracia.
2. Mecanismos de compensación parcial de costos (energía, transporte y materias primas) para sectores productivos intensivos.
3. Aceleración de pagos del Estado a suplidores MIPYMES, para evitar asfixia de liquidez.
4. Compras públicas contracíclicas, priorizando producción local para sostener demanda.
5. Facilitación temporal de importación de insumos clave, reduciendo costos sin afectar producción nacional.
6. Incentivos rápidos a la sustitución de importaciones, especialmente en alimentos y manufactura ligera.
7. ⁠Revisión de incentivos perversos que no aportan, más bien son un gasto.

Porque al final, proteger el bolsillo de la gente también depende de que haya quien produzca, invierta y genere trabajo.

A mí no me visitan.
Pero leo, escucho… y opino.

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