El Vaticano ofreció este sábado una disculpa pública a las comunidades de Perú que fueron afectadas por los abusos cometidos dentro del ya disuelto Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), en un acto simbólico realizado en el norte del país.
El sacerdote español Jordi Bertomeu, enviado especial de la Santa Sede para investigar y reparar los daños causados por esta organización, expresó el perdón de la Iglesia durante una misa celebrada en la iglesia de Catacaos, en la región de Piura. En su mensaje, reconoció que la respuesta institucional llegó tarde y lamentó profundamente la falta de acción oportuna.
“Hoy venimos a pedirles perdón en nombre de la Iglesia. Debimos estar aquí hace 20 años”, afirmó Bertomeu, quien ofició la ceremonia junto a los cardenales peruanos Carlos Castillo y Pedro Barreto, en presencia de víctimas, autoridades y representantes de la sociedad civil.
Tras las palabras del enviado vaticano, los cardenales y otros miembros eclesiásticos descendieron del altar y se arrodillaron frente a los afectados como gesto de arrepentimiento y reparación simbólica. Las víctimas denunciaron abusos de diversa índole, incluyendo daños físicos, psicológicos, sexuales, económicos y la apropiación de tierras.
Durante la homilía, el cardenal Castillo reiteró el pedido de perdón y reconoció la gravedad de los hechos ocurridos, subrayando que la Iglesia no debe olvidar lo sucedido. También calificó el encuentro como un acto de esperanza y reconciliación.
La congresista peruana Ruth Luque destacó el valor simbólico del perdón público, aunque señaló que aún persisten deudas pendientes por parte del Estado, ya que algunas víctimas continúan enfrentando amenazas y hostigamientos.
Este encuentro marca la primera vez que altos representantes del Vaticano viajan a Catacaos para escuchar directamente a las familias afectadas. Forma parte de las acciones impulsadas tras la creación de una comisión de escucha para las víctimas, iniciada durante el pontificado de Francisco y continuada por su sucesor León XIV.
Las denuncias contra el Sodalicio comenzaron a hacerse públicas en 2015 gracias a investigaciones periodísticas que revelaron una red de abusos dentro de la organización. Desde entonces, el Vaticano ha recibido más de un centenar de denuncias y ha ordenado la disolución del grupo y de otras entidades vinculadas a su fundador, Luis Fernando Figari, señaladas como estructuras de carácter sectario.




