Los resultados de la prueba PISA 2025 deben ser motivo de preocupación, pero, sobre todo, deben convertirse en un llamado a la reflexión y a la acción. La República Dominicana tiene que seguir avanzando en educación, pero los resultados nos dicen con claridad que debemos hacerlo con mayor profundidad, con una revisión seria de lo que estamos haciendo y con un compromiso nacional que trascienda los gobiernos y los partidos políticos.
De acuerdo con la OCDE, PISA 2025 , la República Dominicana obtuvo 361 puntos en Ciencias, frente a 482 del promedio de la OCDE; 346 en Lectura, frente a 461; 339 en Matemáticas, frente a 463; y 379 en Resolución de problemas computacionales, frente a 500.
Las brechas son demasiado amplias:
- Ciencias: -121 puntos.
- Lectura: -115 puntos.
- Matemáticas: -124 puntos.
- Resolución de problemas computacionales: -121 puntos.
La mayor diferencia se encuentra en Matemáticas, con 124 puntos por debajo del promedio de la OCDE, aunque las brechas en Ciencias y en Resolución de problemas computacionales son prácticamente del mismo tamaño.
Estos resultados no deben reducirse a un ranking internacional. El verdadero problema es mucho más profundo: una parte muy importante de nuestros estudiantes todavía no alcanza las competencias funcionales que PISA considera necesarias como línea de base para desenvolverse adecuadamente en el mundo actual.

Tenemos que seguir avanzando
Nuestra posición no debe ser la de desconocer los avances que ha tenido el país. La República Dominicana ha realizado esfuerzos importantes para ampliar el acceso a la educación, mejorar las condiciones de los centros educativos, fortalecer la inversión y colocar la educación como una prioridad nacional.
Pero precisamente porque hemos hecho esfuerzos y porque se destinan importantes recursos al sector educativo, tenemos que preguntarnos si esos recursos están produciendo los resultados que necesitamos.
No podemos conformarnos con decir que estamos invirtiendo más. La pregunta fundamental debe ser: ¿qué estamos logrando con esa inversión?
Si después de tantos años de esfuerzos seguimos teniendo brechas de más de 100 puntos con respecto al promedio de la OCDE en las principales áreas evaluadas, es evidente que necesitamos mirar el sistema con sentido crítico y sin prejuicios.
No se trata de buscar culpables. Se trata de identificar qué está funcionando, qué no está funcionando y qué debemos cambiar.
Una revisión profunda es necesaria
Los resultados de PISA deberían llevarnos a una revisión profunda de nuestra política educativa.
Tenemos que revisar los aprendizajes fundamentales, la calidad de la enseñanza, la formación y el acompañamiento de nuestros docentes, la gestión de los centros educativos, el currículo, los mecanismos de evaluación y la capacidad del sistema para garantizar que todos los estudiantes adquieran las competencias esenciales.
Y debemos hacerlo utilizando evidencia.
No podemos continuar cambiando prioridades educativas cada vez que cambia un gobierno. La educación requiere continuidad, evaluación y políticas de Estado.
Si queremos obtener resultados diferentes, tenemos que estar dispuestos a revisar profundamente lo que hemos venido haciendo.
Somos un país de renta media
Hay además una cuestión que no podemos pasar por alto.
La República Dominicana es un país de renta media. Hemos tenido crecimiento económico, hemos transformado nuestra infraestructura y hemos ampliado nuestras capacidades productivas. Sin embargo, nuestros resultados educativos muestran que todavía existe una distancia demasiado grande entre el desarrollo que aspiramos a alcanzar como nación y las competencias que estamos logrando desarrollar en una parte importante de nuestros estudiantes.
Esto debería preocuparnos.
Porque no podemos aspirar a ser una economía cada vez más competitiva, atraer inversiones de mayor valor agregado, desarrollar tecnología, mejorar la productividad y ofrecer mejores empleos si nuestros jóvenes no cuentan con sólidas competencias en lectura, matemáticas, ciencias y resolución de problemas.
El desarrollo económico y la calidad de la educación tienen que avanzar juntos.
Necesitamos un verdadero pacto nacional
Por eso creemos que ha llegado el momento de plantearnos algo mucho más ambicioso: un pacto real por la educación entre todas las fuerzas de la nación.
No un pacto solamente de palabras.
No un acuerdo que dure lo que dura un período de gobierno.
Necesitamos que Gobierno y oposición, sector privado, docentes, universidades, familias, organizaciones sociales y demás sectores de la sociedad puedan ponerse de acuerdo sobre unas metas nacionales de aprendizaje y trabajar durante años para alcanzarlas.
La educación no puede ser rehén de las diferencias políticas.
Puede haber diferencias sobre cómo alcanzar los objetivos, pero deberíamos ser capaces de ponernos de acuerdo sobre algo fundamental: nuestros estudiantes tienen derecho a recibir una educación de calidad y a desarrollar las competencias que necesitan para construir su futuro.
Ese pacto debe establecer objetivos concretos, indicadores para medir los avances y mecanismos para corregir el rumbo cuando los resultados no sean los esperados.
PISA debe ser una llamada de atención
La prueba PISA no debe convertirse en una herramienta para atacar a un gobierno determinado, ni para culpar a nuestros maestros. Tampoco debemos ignorarla cuando sus resultados son desfavorables.
PISA debe servirnos como un espejo.
Y el espejo nos está mostrando que la brecha sigue siendo demasiado grande.
Los datos son particularmente preocupantes porque no hablamos de una diferencia pequeña. Estamos hablando de brechas de 115, 121 y hasta 124 puntos frente al promedio de la OCDE.
La respuesta, por tanto, tampoco puede ser pequeña.
Tenemos que seguir avanzando, pero necesitamos avanzar mejor, con más evidencia, más evaluación, mayor continuidad y una visión de largo plazo.
El momento de actuar es ahora
Nuestra opinión es clara: los resultados de PISA 2025 deben provocar una revisión profunda de la política educativa dominicana y abrir la puerta a un verdadero pacto nacional por la educación.
No podemos aceptar como normal que una parte tan grande de nuestros estudiantes todavía no alcance las competencias básicas que necesita para desenvolverse plenamente en la sociedad.
Tampoco podemos conformarnos con medir cuánto dinero destinamos a educación. Tenemos que medir cuánto aprenden nuestros estudiantes.
Porque al final, el éxito de una política educativa no se mide solamente por cuánto invertimos, sino por lo que nuestros niños y jóvenes son capaces de aprender y hacer con esa inversión.
La República Dominicana ha avanzado y debe seguir avanzando. Pero los resultados de PISA nos dicen que el ritmo y la profundidad de ese avance no son todavía suficientes.
Somos un país de renta media y tenemos que aspirar a tener resultados educativos acordes con las aspiraciones que tenemos como nación.
Por eso este no debe ser un debate sobre posiciones políticas ni sobre rankings.
Debe ser un debate sobre nuestro futuro.
Y nuestro futuro exige que todas las fuerzas de la nación sean capaces de ponerse de acuerdo en una prioridad fundamental: que ningún niño, niña o joven dominicano quede condenado por una educación que no le permita desarrollar plenamente sus capacidades.
PISA nos muestra la magnitud del desafío.
Ahora nos corresponde a nosotros asumir la responsabilidad de enfrentarlo.




